Equipos de trabajo: ¡uno para todos, y todos para una!

Los individuos marcan goles, pero los equipos ganan partidos.
Zig Ziglar

En la actualidad, alcanzar y mantener el éxito en las organizaciones modernas requiere talentos prácticamente imposibles de encontrar en un solo individuo, sino en un equipo de trabajo, sobre todo en relación a la consultoría, de la que ya hablamos en el anterior post. Del mismo modo, las nuevas estructuras de las organizaciones, más planas y con menos niveles jerárquicos, requieren una interacción mayor entre las personas, que sólo puede lograrse con una actitud cooperativa y no individualista, surgiendo así la necesidad de trabajar en equipo.

De la mano de Fernando Criado, he tenido la oportunidad de profundizar en esta cuestión relativa a los trabajos en equipo, definiendo el concepto, sus características y los roles a desempeñar por los individuos que lo componen, entre otras cuestiones. Conceptos que iremos desgranando a continuación.

Trabajo en equipo: etimología y propósitos

La etimología de la palabra “equipo” procede del escandinavo “skip”, que significa “barco”, y del francés “équipage”, término que designa a la tripulación, en el sentido de un equipo de personas bien organizadas para el trabajo de navegación, que no es más que el trabajo entre personas coordinadas para un mismo fin. Por su parte, la definición que nos propone la RAE para la palabra “equipo” es esta: “grupo de personas organizado para una investigación o servicio determinado”.

En cualquier caso debemos entender que con conocimientos y habilidades complementarias, unen sus capacidades para lograr determinados objetivos y realizar actividades hacia la consecución de los mismos. En palabras de Gómez-Mejía y Balkin, los equipos de trabajo son “un conjunto reducido de personas con habilidades complementarias que están implicadas en un propósito común, con un conjunto de objetivos de rendimiento y con un enfoque de los que son mutuamente responsables”.

Como características comunes a estos equipos de trabajo debemos destacar que pretenden alcanzar propósitos u objetivos comunes, disponen un sentido de identidad compartido, ofrecen oportunidades de participación e interacción entre sus miembros, están dotados de cohesión interna, tienen una estructura interna de funcionamiento, y generalmente disponen de una duración limitada en el tiempo.

Grupo de trabajo vs. equipo de trabajo

La diferenciación de grupo de trabajo y equipo de trabajo es fundamental, antes de abordar la tarea de trabajar en equipo. Por un lado, el grupo de trabajo es un conjunto de personas que realizan dentro de una organización una labor similar. Suelen estar próximas físicamente, tienen un mismo jefe, realizan el mismo tipo de trabajo pero son autónomos y no dependen del trabajo de sus compañeros: cada uno realiza su trabajo y responde individualmente del mismo. Sin embargo, el equipo de trabajo responde en su conjunto del trabajo del colectivo y cada miembro domina una faceta determinada y realiza una parte concreta del proyecto (sí son complementarios). Es necesaria una coordinación, que va a exigir establecer unos estándares comunes de actuación. Por ello, en el equipo de trabajo es fundamental la cohesión, hay una estrecha colaboración entre sus miembros.

Eso sí, es fundamental tener en cuenta que en los equipos de trabajo se deben elaborar una normativa, compuesta por unas reglas establecidas por los propios miembros del equipo y que, por tanto, todos deben respetar . Estas normas proporcionan a cada individuo una base para predecir el comportamiento de los demás y preparar una respuesta apropiada. Incluyen los procedimientos empleados para interactuar con los demás. La función de las normas en un grupo es regular su situación como unidad organizada, así como las funciones de los miembros individuales. En definitiva las normas no bastan con aprobarse, sino que deben ser apoyadas por todos los miembros, pues son:

El marco de referencia para desenvolverse en el medio y solucionar los problemas recurrentes.
Fijan actitudes y conductas acordes a circunstancias.
– Facilitan la ordenación de conductas.
Determinan tolerancias respecto a su cumplimiento.
– Contribuyen a establecer reconocimientos y sanciones.

Eso sí, las normas deben establecerse una vez que se hayan consensuado los objetivos a conseguir, pues dichos objetivos son la base y lo que da consistencia a un equipo de trabajo.

Roles en el equipo de trabajo

Roles del trabajo en equipo

Como es evidente cada integrante de un equipo asume un rol dentro del mismo. Para Belbin el rol de equipo “es nuestra particular tendencia a comportarnos, contribuir y relacionarnos socialmente”. Ahora bien, hasta el momento, no existe una clasificación de roles con los que todos los teóricos estén de acuerdo, sin embargo, podemos plantear la siguiente que a grandes rasgos pueda identificar a cada uno de los miembros del equipo:

  • La persona positiva: empuja hacia delante, busca el éxito del equipo y se involucra en el proyecto; contagia su entusiasmo al resto. El jefe debe reconocerlo públicamente, buscando que sigan su ejemplo.
  • El crítico: es destructivo, todo le parece mal pero no aporta soluciones; los compañeros son unos inútiles, él que es perfecto. Deteriora el ambiente de trabajo. Si sobrepasa cierto límite el jefe tendrá que llamarle la atención.
  • El discutidor: no está de acuerdo con nada, siempre defiende otra tesis. Pesado pero sin ánimo destructivo. Inconformista permanente, aunque busca el bien del equipo sólo consigue sacar a la gente de quicio. Hay que animarle a que piense en positivo, a que aporte soluciones prácticas.
  • El inoportuno: hace comentarios desafortunados en el momento menos adecuado. Pesado, pero no tiene ánimo destructivo. Igual que al crítico, si sobrepasa cierto límite el jefe le tendrá que llamar la atención.
  • El hablador: nunca callado, discute aunque no entienda del tema, dificulta y alarga las reuniones, interrumpe permanentemente e impide que la gente se centre en la tarea. En las reuniones no se pueden tolerar sus interrupciones. Si hace falta se le llamará la atención
  • El listo: lo sabe todo, suele tener una  preparación por encima de la media, aunque un conocimiento muy superficial y  poco sólido. A veces sus aportaciones son oportunas, pero cansan. Habrá que animarle a que profundice algunas de sus consideraciones válidas.
  • El pícaro: se aprovecha del resto de los compañeros, pero lo hace de manera sutil y sus compañeros apenas se percatan. Su aportación es nula y termina deteriorando el ambiente de trabajo.
  • El rígido: posee esquemas mentales muy consolidados. Resulta muy difícil moverle. Sin  flexibilidad para aceptar o considerar otros planteamientos. En definitiva es una persona entregada al equipo que requiere paciencia y persuasión.
  • El reservado: le cuesta participar o no participa, a pesar de dominar la materia. Necesita un  empujón, especialmente del jefe. Si rompe la barrera inicial será un gran activo. Hay que animarle desde un principio a que participe en los debates.
  • El gracioso: sus aportaciones profesionales son muy discretas pero relaja el ambiente y crea una atmósfera más cálida, contribuyendo a una mayor cohesión del equipo. Puede llegar a ser molesto. Hay que dejarle cierto margen, pero señalándole también unos límites.
  • El organizador: es clave dentro del equipo. Está preocupado porque las cosas funcionen, que se avance, superar dificultades, y no perder el tiempo. Se debe contar con él, consultarle y realzar su papel, pues es el auténtico activo para el equipo.
  • El subempleado: tiene asignado cometidos muy por debajo de sus capacidades. Termina por aburrirse y perder interés. Debemos buscarle nuevas responsabilidades, pues es una persona valiosa que no hay que dejar marchar.
  • El incompetente: es lo opuesto del anterior. Los cometidos superan sus capacidades. Por no reconocer sus limitaciones asume nuevas responsabilidades que no sabrá atender, y terminará generando ineficiencias. Debemos apoyarlo con otros compañeros y tener claro su techo de competencia.

Algunas conclusiones

Sin profundizar en otras cuestiones, tales como las etapas de desarrollo de un equipo, las directrices básicas para optimizar el trabajo en equipo, o las herramientas básicas para llevarlo a cabo, podemos establecer como conclusiones las siguientes ideas:

En primer lugar es destacable que trabajar en equipo influye en los puestos de trabajo ya que requiere que los empleados cooperen unos con otros, compartan información, enfrenten las diferencias y cambien sus intereses personales en aras del bien del equipo. Del mismo modo los equipos de alto rendimiento comparten características como: tamaño no excesivo,
miembros con distintas competencias y, compromisos y propósitos compartidos.

Cabe señalar, también, que existen diferentes tipos de equipos según su propósito, duración, origen y estructura que dan respuesta a diversas necesidades organizativas. Igualmente debemos tener muy en cuenta que trabajar en equipo supone asumir unas normas consensuadas y comprometerse con el fin establecido, requiriendo del uso de funciones directivas básicas tales como: planificación, organización, dirección (papel crítico del liderazgo del equipo y los roles asignados) y control.

Tengamos en cuenta que el reparto de roles y el control, así como el seguimiento sobre la planificación se convierten en elementos críticos para la eficacia y eficiencia del trabajo en equipo. Del mismo modo es fundamental el liderazgo del equipo, que debe adaptarse a la fase del ciclo de vida en que en cada momento se encuentre. En este sentido, ¿no pensáis que el líder, en este sentido, es la pieza clave para llevar a cabo los objetivos del equipo de trabajo?

Más información | Trabajo en equipo, de Fernando Criado; Bibliografía sobre Trabajo en equipo.
Imagen | Acción de equipos

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Publicado el diciembre 27, 2012 en Actualidad, SmmUs y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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